BarrioLuz

Sunday Blues septiembre 14, 2009

Archivado en: Uncategorized — barrioluz @ 1:07 am

Un telón negro se levanta desde el fondo de un desacierto. El eco de los sonidos rebota entre la terminal, y el olor a abandono recorre cada una de las boleterías. El tren que nunca va a llegar viene en camino, y los maquinistas vienen vestidos de rayas blancas, como si sus trajes de tul amargo hubieran perdido en el sentido de las hebras.

Una mujer sin espacio espera colgada de su maleta añeja la ansiada campana que anuncie que su tren no llegó. Su marido, desde la primera ventana del último vagón, saca en cámara lenta un pañuelo trizado de lágrimas y se despide del último pedazo de campo que ya de pronto dejaba atrás.

No había nadie en la estación. Los cuadrados del piso se movían como lagartos en el sol, y el tragaluz que antes habitaba el cielo raso del espacio, iluminaba con rayos de luna fúnebre el pelo de aquella  Mujer. En cuanto se percató cuenta que no era mas que aquella extraña tarde en que los trenes se llevaban Maridos a lugares sin nombre, dejó de lado su maleta y se echó a llorar.

Sus manos de pronto sintieron ese escuálido recuerdo de sal, cuando el olor de la parafina y a conjunto invadían de esperanza esa tarde, en que la estación estaba repleta de mujeres que venían a despedir a sus maridos. Si solo lo hubieran sabido, un solo indicio,  jamás nunca hubiesen construído tan lúgubre recuerdo.

Cuando el tren no pasó, y el maquinista no paró, y el tecladista no silvó, y la campana no ladró, y el pañuelo trizado no cayó, se quiso despedir de la estación. Y cuando las ventanillas sin gente se rieron sin parar de aquella imagen sin sentido, la mujer desapareció. Y su maleta la siguió. Y ahí quedo el boleto de mentira volando en un cielo sin techo, donde lo único que ahí quedaba eran maletas vacías.

 

 
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