BarrioLuz

Alas cortadas enero 5, 2011

Archivado en: Uncategorized — barrioluz @ 2:02 pm

Cuando llegó, no sabíamos como hacer para callar a su celosa compañera que no nos dejaba acercarnos ni siquiera a 1 metro de distancia de su nueva jaula. Nunca se me va a olvidar como hicimos para recuperarlo la primera vez que se nos perdió. Fue el amor, seguro, el que hizo que bajara desde lo alto de la copa de los árboles, el que lo hizo renunciar a su última oportunidad de escapatoria y volver a nuestro jardín

Nunca supimos que edad tenía, ni de dónde venía. Seguro su historia familiar era mucho más trágica que la nuestra. El desgarro desde recién salido de su huevo, seguro siempre lo dejó marcado en la retina de sus gigantes ojos.

El Toño vivía arriba de una DAX ST-70, donde pasaba toda la tarde cantando y mirándose en el espejo tal cual trapecista. Era un imitador innato, gritándole los sonidos más divertidos a cuanto pájaro sobrevolaba el patio de servicio de nuestra casa. Era adicto a comer cereales de chocolate y corría por la cocina abriendo sus alas, como tratando de volarse al hombro de el que estuviera cerca. Pero lo corto de sus plumas no le dejaba elevarse. Era la crueldad que nunca pudimos entender como tal.

Muchas veces que no le sacamos sus plumas, se volaba de su realidad doméstica por algunos momentos. Se iba a las copas de los árboles de la cancha de golf que colinda con nuestro jardín, gritando, como haciéndose grande, aunque fuere por algunos momentos. Todos desesperados corríamos saltándonos panderetas y tocando timbres de nuestros vecinos para tratar de recuperar a tan avezado piloto. Siempre volvía. El Toño, aunque le cortáramos la punta de sus plumas, nos quería.

Hace algunos meses, había llegado una nueva amenaza a la casa. La Pipa. Un juguetón cachorro al que muchas veces le picoteó los ojos y la nariz para que no se lo comiera. Así y todo, siempre salía airoso de sus encontrones, saliendo al paso como un campeón de box.

Dormía todos los días siesta con mi mamá. Cuando hacía frío, se subía a las camas y se metía adentro, tal cual un ser humano ve llover desde la ventana. Dormía de espaldas, como si hubiera perdido su naturalidad de ave salvaje, para entrar en una casa con personas a las que trataba como miembros de su bandada.

Te escribí Antonio para darte las gracias y desearte lo mejor para este nuevo vuelo. De seguro que, estés donde estés, estarás abanicando tus alas majestuosas en una selva como la de donde te secuestraron. Ojalá que nos estés echando de menos tanto como ya lo hacemos nosotros. Te vamos a echar de menos siempre “cabeza de perro”. Nuestra cocina ya nunca mas va a ser la misma sin tus aleteos, chiflidos y tu curiosidad por cada elemento. Vamos a echar de menos los picoteos en la cabeza y las orejas. Las peleas de agua, tus cantos a las 5 de la mañana y tus caras de sueño. Te queremos mucho compadre, esperemos nunca volver a tener otro Toño,  por que a nadie le gustaría que le corten las alas, y por que no podríamos aguantar otra partida como esta.

 

 

 
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