BarrioLuz

En el agua mayo 5, 2008

Archivado en: cuentos — barrioluz @ 4:57 am
Tags:

Una burbuja debajo del agua una vez dijo algo en un idioma sin nombre que me dejó hasta sin pensar. Nadé junto a ella mucho tiempo, hasta que se volvió a mezclar con el aire. Me subió una tristeza única, que antes nunca habia sentido. Estuve toda la tarde pensando en como convertirme yo en aire y subir a tragarme esa burbuja. Decidí esperar.

Ahí abajo había otras dos, pero discutían entre ellas. Se querían juntar y irse al cielo juntas. Subir aún mas rápido que la otra que ya me había dejado sólo en el mar. Me dieron unas ganas negras de sentarme en alguna piedra a discutir con alguien, hasta que se me acercó una estrella de mar.

Y me dijo otra vez, en un idioma sin nombre algo que me dejó incluso sin pensar. De pronto, comenzó a aletear lento hacia la superficie, que parecía cada vez acercarse más. Al fin, me agarre de uno de sus tentáculos y me entregué al respirar.

Y Subí, sin vértigo. Y Lo primero que ví fueron las olas. Se veían muy raras desde el cielo. Tenían unas formas extrañas, muy distintas a los vacíos que yo veía desde el fondo del mar. Las estrellas no se reflejaban en su fondo. Y supe que de noche no se veían.

Al llegar a la espuma que formaba el fondo del cielo, las olas y el mar apenas se veían como un espejo con arrugas blancas que iban todas zigzageando de una orilla a otra de la tierra. Empezaba ya a poder ver el fondo del cielo frente a mi. Me dio alegría sentir que por un minuto se me iba el aire de nuevo, y que iba a poder respirar agua otra vez. Pero ahí me di cuenta de que en aquella oscuridad no había mas que estrellas. Miles de estrellas de mar que habían traído forajidos intrépidos tomados de sus tentáculos, que se dormían en un calor casi fantasmal.

En su silente sueño me puse a descansar como si estuviese otra vez en el agua. Flotaba de lado a lado de la oscuridad. Pero no había nada mas que silencio. No había asfixia, anzuelos ni mareas. Sólo un solo silencio.

Será este el cielo, le pregunté a mi estrella. Y Esperé una respuesta que duró años luz. Claro que no supo responderme, y lloré por todos los que en el mar había dejado. De pronto, se subió a mi hombro una burbuja que comenzó su discurso en idiomas sin nombre, que hasta incluso me dejaró sin pensar.

 

A los que quedan. marzo 2, 2008

Archivado en: Uncategorized — barrioluz @ 12:00 am
Tags:

Cuidado con irte con los que ya se fueron, me dijo. Hay mucho que hacer con tu tierra propia antes de partir. Deja que el inconsciente nos lea a nosotros mismos, nos de una orden en un lenguaje que solo nosotros podemos interpretar sin que lo hagamos conscientemente. Se podria decir inercia, pero no lo es. Es algo mas sutil que lo subliminal, pero al mismo tiempo es de una violencia tal que nos motiva de una forma irresistible.

El azul del tiempo solo llega cuando ya se fue. Es muy dificil poder verlo antes de que llegue, sobretodo si se nos tiñen los ojos de lagrimas y lo borroso no nos deja ver lo que realmente pasa. Un misterio incontrolable, que nos deja estaticos en un tiempo muerto. El lugar donde estan los vacios se convierte en un cementerio que vive entrometido en nuestra propia realidad.

Es muy dificil dejar que entre agua en los vacios. Es dificil cuando acaba de pasar el viento, y que las hojas se las haya llevado, hacia un cielo. Se forma un baul lleno de recuerdos, sonidos y olores capaces de transportarnos como caracoles a una rama dulce de nuestro propio espiritu. Es lo que nos produce la tristeza. La tristeza se convierte en ese sentimiento que no nos deja recuperar algo perdido, una impotencia flagrante, inmensa que nos brota desde lo mas adentro de nuestro corazon. Y siempre viene de parejas con el paso del tiempo.

Como se puede combatir el paso del tiempo, cuando no queremos que este pase y nos deje ir. Es como si ya nos conocieramos y supieramos que el fin ya esta aqui. Que no queremos dejarlo, casi necesitamos amasarlo para darnos cuenta de lo que no pasa. De lo que no nos conviene. Ns aferramos a los buenos tiempos que ya pasaron pero no a lo que queda por pasar, lugar donde radica todo el romanticismo del humano. Nos aferramos a lo que ya paso, por que asusta que no vuelva a pasar.

Es triste el dejar ir, perderse en la marea. Dejar que nos lleve a la orilla.  Alli nos lleva, sin duda. Los revolcones de arena y sal son lo que nos rasmilla las espaldas y nos quiebra los dedos. Nos azota contra el fondo y nos da mas vueltas. Pero siempre, como en todo libro, nos lleva hacia el otro lado, en una calma silenciosa.

Me encantaria que el silencio se convierta en el nuevo ruido. Como significar tanto el antagonismo entre un sonido y su contrincante, su cero positivo. Un silencio inerte que humedezca todo tipo de sensaciones en un polvo lunar, donde las rocas sean suaves como el viento y dulces como la mas loca de las gotas. La tranquilidad infinita nos lleva al descanso. Quizas eterno, quizas en bruto, en otras formas vagabundas.

 

 
Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.